Las constelaciones, proponen una nueva manera de mirar la enfermedad y sus consecuencias.  El enfoque de las constelaciones sobre la enfermedad: como un movimiento del espíritu que busca la reconciliación con los traumas inconscientes y generacionales, nos invita a ver el mundo y las relaciones de una forma distinta:

la dinámica entre, la salud y la enfermedad, lo personal y grupal, la victima y el perpetrador, tienen una interpretación distinta aquí,las fronteras se diluyen en un trasfondo que completa nuestra historia humana,  terrenal y espiritual, del tal forma que ya no podemos ver únicamente con la mirada dividida por uno de los polos. El cambio se va dando a traves de un proceso de entendimiento y crecimiento interior que culmina con la mirada sistémica, (que abarca la totalidad) en el camino vamos dejando las ilusiones para ir reconociendo lo que es.

Esta visualización, propuesta por Hellinguer, la hemos introducido en varios seminarios antes de realizar   una  constelación. Tiene sorprendentes resultados, capaz de penetrar en la conciencia familiar de forma directa y mostrando algo difícil de llegar con cualquier otro método.

Esta visualización, propuesta por Hellinguer, la hemos introducido en varios seminarios antes de realizar   una  constelación. Tiene sorprendentes resultados, capaz de penetrar en la conciencia familiar de forma directa y mostrando algo difícil de llegar con cualquier otro método.

Ahora pueden cerrar los ojos. Haré con ustedes un pequeña meditación en la que podrán compenetrarse con lo que significa la resonancia y cómo ella actúa en nosotros. Conéctense con vuestro cuerpo y sientan donde hay algo enfermo, donde algo que no funciona. Evidentemente, aquello que duele o no funciona está en disonancia con nuestro cuerpo. Nos acostamos interiormente junto a ese dolor, junto a esa enfermedad, junto a ese órgano y sentimos con la enfermedad, con ese órgano, con ese dolor a dónde ellos miran. ¿Con qué está en resonancia esa enfermedad? ¿Con qué persona que tal vez fue rechazada u olvidada o maldecida o condenada? Esperamos hasta poder entrar en ese movimiento, hasta poder resonar con él y, tal vez, de pronto poder ver hacia dónde mira esa enfermedad. Por ejemplo, a un niño que murió prematuramente o que nació muerto o fue abortado o entregado en adopción. O alguien a quien condenamos como un delincuente, con quien no queremos tener nada que ver y con quien nuestra familia no quiere
tener más nada que ver. Miramos entonces a esa persona como si fuese una de nosotros e interiormente le decimos con la enfermedad: “Ahora te veo. Yo soy como tú. Tú eres como yo. Ahora te hago un lugar en mi alma y en nuestra familia. Ahora has vuelto a estar con nosotros, a ser uno de nosotros. Frente a una fuerza más grande ante la cual no somos otra cosa que piezas de ajedrez con las que ella de distinta manera juega, tú no eres ni mejor ni peor. Reconocemos que: “Tú eres igual a nosotros y nosotros a ti”. Tal vez todavía podamos llegar a otras personas que alguna vez hemos rechazado, con las cuales tal vez estamos enojados, de las cuales fuimos culpables o ellos de nosotros y les decimos: “Sí”. Sentimos entonces lo que cambia en nuestro cuerpo y en nuestra alma y en nuestro amor.

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